Circular a la Sierra del Pozo en BTT
Publciado por JOsÉPaSToR - 03/04/09 a las 11:04:36 am
[...] Justo antes de llegar a la Praera Marchante, sí, exactamente antes de ese sitio donde la conjunción de un bocadillo de jamón, una lata de cerveza, la sombra de un pino, el susurro del arroyo de Gualay y la visión de la peña de los Halcones pueden elevarte al cielo, pues justo en ese lugar nosotros decidimos apostar por el dolor y bajar a los infiernos.
[...] Al salir a la pista que asciende a Puerto Llano empezamos a ser conscientes de nuestra situación. Vamos bien de tiempo pero empezamos a tener un serio problema. Hay más nieve de la que pensábamos. Esto nos obligará a hacer un tramo de 8 kilómetros de pista empujando las bicis y hundiéndonos en la nieve hasta las pantorrillas. El tratamiento frío-calor que me recomendó el médico para el dolor de talón lo estoy llevando a rajatabla.
La historia de esta actividad es responsabilidad de Ernesto que reúne un comando alicantino-murciano — ¿soy yo el único murciano aquí? — para afrontar, una vez más y no nos cansamos, la Sierra del Pozo.
Comenzamos antes de las nueve por la pista de la Bolera que se adentra en la cola del pantano. Se nota que va a ser un día magnífico en lo meteorológico: nada de viento y mucha luz. Dejamos a la izquierda el carril que sube hacia el Guazalamanco y muy pronto estamos en el cortijo del Molinillo donde comienza la senda.
Tras pasar la cerrá de la Herradura empieza el zig-zag de la cañada del Mesto que va ganando metros poco a poco. El suelo está tapizado de hierba y se avanza bien. Vamos con ganas y enseguida nos plantamos en el Cortijo del Puntal de Ana María.
Después de la subida nos reagrupamos en el cortijo del Raso del Peral y vemos que lo han arreglado aunque no parece tener actividad. Hemos ganado vistas ya a la parte alta de la cuenca del Guadalentín y se empieza a adivinar la fachada Noroeste de la Cabrilla. Desde aquí la senda ya es un carril con amplios rodales y nos vamos dejando caer para vadear el Guadalentín.

La senda se convierte en carril y descendemos hacia Vado Carretas. En la lejanía, a la derecha, los Poyos de la Carilarga
Ahora nos toca una subida breve y tranquila por entre un bosquete de encinas. Nos cruzamos con unos guiris ingleses que nos saludan. Se nota que están disfrutando de la Sierra tanto como nosotros que vamos aligerando el pedaleo pensando en el almuerzo que ya está próximo.
En la pista de las Navas nos encontramos — como es habitual — con bastante tráfico que en fin de semana y con este tiempo tan bueno sube hacia las lagunas y Rambla Seca. Pasamos junto al bar de la Nava de San Pedro y más de uno lloramos de emoción recordando episodios memorables junto a inolvidables asados de cordero a la sombra del nogal, pero hoy toca dieta espartana así que continuamos hacia la Fuente de la Garganta donde almorzamos.

En la zona llana que separa los Poyos de la Mesa de los Torcales de Pedro Cerrillo, justo antes de tirarnos hacia el arroyo de los Habares
Un poco más adelante, en la Nava del Espino, nos salimos de la pista principal para coger el carril que asciende hacia los Poyos de la Mesa y que también da acceso a Gualay por la Praera Marchante. Tenemos una subida por buen piso pero con bastante pendiente hasta que nos colocamos en los 1610 metros. A nuestra derecha dejamos el carril que se dirige al reborde norte de los Poyos y comienza un descenso rápido hacia la base del Picón de los Halcones.
Justo antes de llegar a la Praera Marchante, sí, exactamente antes de ese sitio donde la conjunción de un bocadillo de jamón, una lata de cerveza, la sombra de un pino, el susurro del arroyo de Gualay y la visión de la peña de los Halcones pueden elevarte al cielo, pues justo en ese lugar nosotros decidimos apostar por el dolor y bajar a los infiernos.
Así tomamos un carril que, en vertiginoso descenso, nos acerca hacia el Cortijo de los Habares sin llegar a éste, sino que nos desviamos a la izquierda para no perder más altura tras vadear el arroyo.
A partir de aquí las pendientes se endurecen todavía más. El carril está muy deteriorado y cuesta trabajo remontar las cuestas. Vamos a bordear el Picón de los Halcones por el Norte hacia el arroyo de los Ranchales y de ahí subiremos hacia los Prados de Navahondona.

De vez en cuando la senda nos saca del bosque y podemos ver la Sierra de Cazorla enfrente nuestro con el Parador destacando entre los pinos.

Ernesto, capitán de esta ambiciosa circular. Impresionante su despliegue físico en todas las cuestas. Con este tío todo es ciclable.
A la altura del Cerro de Navahondona empezamos a encontrar cada vez más nieve. Al principio la podemos evitar pero llega un momento en que prácticamente cubre todo el ancho del carril… si además a eso le añadimos que hace bastante calor y que se está derritiendo, pues entonces la mezcla barro + nieve + cuesta da como resultado un reventón de piernas de grado máximo.
Al salir a la pista que asciende a Puerto Llano empezamos a ser conscientes de nuestra situación. Vamos bien de tiempo pero empezamos a tener un serio problema. Hay más nieve de la que pensábamos. Esto nos obligará a hacer un tramo de 8 kilómetros de pista empujando las bicis y hundiéndonos en la nieve hasta las pantorrillas. El tratamiento frío-calor que me recomendó el médico para el dolor de talón lo estoy llevando a rajatabla.

Los últimos cinco kilómetros de subida hasta Puerto Llano y los tres siguientes de bajada los hacemos a patita. Definitivamente esto no es ciclable.
Tardamos dos horas y media en hacer estos ocho kilómetros. Son las seis y media pasadas cuando por fin la pista empieza a estar suficientemente despejada para hacer bici. Descendemos y nos reagrupamos en la Fuente de la Ponderosa donde evaluamos la situación. Con la noche prácticamente encima no es razonable volcar la Sierra por el Puntal del Gato así que continuamos hacia abajo, a la carretera que une Pozo Alcón con Tíscar.
Antes de llegar a la carretera vemos como el sol se oculta tras Sierra Mágina y nos dejamos llevar plácidamente hasta el Puente de Hinojares donde, de nuevo, nos toca apretar los dientes para llegar a Pozo Alcón. Una vez allí, encaramos las últimas rectas que nos devuelvan a nuestro lugar de partida, cerca del embalse de la Bolera.
Los datos de este chorreo de vuelta: 78 kms y 2150 metros de acumulado. He aquí el perfil, cortesía de Rafa “kalifa”:
Para terminar, quiero agradecer a mis compañeros de ruta la buena acogida que me dieron y la recuperación integral con ducha y cena que me supo a gloria tras la paliza. Insisto, muchas gracias por la invitación y espero veros pronto en otra.
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[...] Justo antes de llegar a la Praera Marchante, sí, exactamente antes de ese sitio donde la conjunción de un bocadillo de jamón, una lata de cerveza, la sombra de un pino, el susurro del arroyo de Gualay y la visión de la peña de los Halcones pueden elevarte al cielo, pues justo en ese lugar nosotros decidimos apostar por el dolor y bajar a los infiernos.








![Enlazando con la pista de las Navas [Foto de Suxo]](http://montanaspersonales.es/montanasdelsur/wp-content/uploads/2009/03/suxo3.jpg)












